La reciente denuncia de discriminación por parte del defensor xeneize, Breyner Bonilla, vuelve a poner en escena la problemática de la discriminación en el fútbol argentino. Frente a las cámaras de televisión, y sin poder contener las lágrimas, Bonilla acusó a Esteban Fuertes (un histórico delantero de Colón de Santa Fe) de haberle dicho “negro de mierda”.

Este episodio vuelve a resaltar las condiciones del ambiente, que al no condenar este fenómeno, contribuyen directa e indirectamente a que se sigan reproduciendo eventos similares cada vez con más frecuente. Las cámaras de televisión captaron los reiterados cruces verbales entre el defensor colombiano y el atacante del equipo santafesino, sin embargo, esto no pareció relevante de modo que diarios, radios y programas de televisión prefirieron priorizar la crisis futbolística e institucional de Boca, la cual implica sucesos aparentemente ineludibles para poder captar una atención masiva por parte de la audiencia. El problema es que el silencio de los medios al respecto tiene como consecuencia desconocimiento e impunidad frente a la violencia simbólica típica de estos actos. Debieron prácticamente 2 semanas para que se haga público y masivo este evento, que reiteramos, había sido transmitido por televisión en vivo y en directo para millones de personas. El aparato mediático masivo debe explicitar estos hechos, dejarlos fuera del conocimiento público es no darles existencia, y de ese modo no podrán ser evaluados y sancionados, dejando inalterables las condiciones para que vuelvan a reproducirse, una y otra vez.

Respecto al mundo institucional del fútbol, la AFA debe tomar cartas en el asunto. Ya citó a declarar a los dos jugadores mencionados, y el INADI sigue de cerca el curso de las acciones. Los antecedentes previos, que desde este espacio ya hemos descrito y analizado, generan expectativas muy cautelosas a la hora de esperar un esclarecimiento de lo sucedido que merezca una sanción ejemplificadora intentando corregir este fenómeno que parece agravarse con frecuencia inusitada. Se presenta entonces, una nueva oportunidad para empezar a cambiar los hábitos hasta ahora conformados y generar una nueva disciplina que definitivamente contribuya progresivamente a la desaparición del racismo, la discriminación y la xenofobia de las canchas argentinas. Es un primer paso para establecer nuevas reglas del juego frente a un fenómeno que si se manifiesta en las canchas, es porque se manifiesta en toda la sociedad.

 

Por Santiago L. Nogueira