La llamada retención de tareas decidida por el Gremio de Futbolistas (Futbolistas Argentinos Agremiados -FAA-) dejó muchos temas para analizar. Trataremos unos pocos, que nos parecen relevantes.

En principio, dejemos en claro que se trató de un verdadero paro de actividades. Así como -en paralelo- le llamamos paro docente al que realizaron los maestros y trabajadores de la educación, del mismo modo ocurrió con los jugadores de fútbol, a quienes se llama profesionales (no en el sentido de haber obtenido un título terciario o universitario, sino en el de ser trabajadores que se desempeñan con regularidad en una actividad reglada: Convenio Colectivo de Trabajo).

Por ello, los comentarios malintencionados sobre lo que ganan los jugadores o sobre su modo de trabajar o de vida, en este asunto, están derechamente de más, y poder dar lugar a un debate diferente. Los futbolistas son trabajadores y punto. En consecuencia, tienen derechos. Y el de huelga es uno de ellos.

Paro de FAA.

De seguido, destacamos que en nuestra posición, el paro de actividades fue absolutamente legítimo, justo y -fundamentalmente- necesario, en las condiciones en que se venía desarrollando el mundo fútbol. Clubes que no pagaban sueldos desde hacía entre tres y seis meses, imponían alguna medida de los jugadores para lograr que -cuanto menos- se visualizara el problema. Y la aparición de la última remesa del dinero del Programa Fútbol Para Todos, negociada pésimamente por los dirigentes del fútbol y la Comisión Normalizadora de la AFA, por la exigua cantidad que finalmente se acordó.

Recordemos, una vez más, que el Estado Nacional tenía un contrato con la AFA, a partir del cual debía pagar por los derechos de imagen una suma en pesos acordada. La rescisión, si bien fue convenida bilateralmente, no era gratuita y se estableció un monto para su concreción. El Poder Ejecutivo actual (llámese Gobierno de Mauricio Macri), por lo demás, como sucedió con el anterior (a cargo de Cristina Fernández de Kirchner), y los anteriores, en todo momento intentaron -y muchas veces lograron- cooptar, modificar e influenciar sobre la AFA, por eso de que el fútbol mantiene ocupado al pueblo.

La cuestión es que, por necesidades políticas, el Estado requería que el fin de semana del 3 al 5 de marzo pasado tuviera fútbol, para mitigar -en alguna medida- los efectos negativos del paro docente. Eso provocó que los dirigentes de FAA recibieran cantidad de presiones -de todo tipo- para que se levantara la medida (el paro de actividades), lo que tuvo eclosión en las reuniones que se llevaron a cabo en la sede del Ministerio del Trabajo el viernes 3 de ese mes.

Por primera vez en muchos años, FAA resistió. Por Asamblea General del día anterior, los futbolistas habían resuelto unánimemente mantener la medida de fuerza. Las autoridades del gremio respetaron esa decisión de las bases. Como corresponde, agregamos.

Llovieron las críticas hacia la conducción de FAA. De autoridades del Gobierno Nacional. De directivos de clubes de fútbol. Y de la Comisión Normalizadora de la AFA. También de periodistas más o menos interesados. Recordaban comportamientos distintos de FAA en otros momentos y situaciones.

Fuimos críticos con FAA en otras ocasiones. Incluso, denunciamos en más de una oportunidad, el espurio vínculo con el otrora Presidente de la AFA Julio Grondona, quien por derecha o por izquierda, logró durante muchos años concretar su política conveniente, arbitraria, ilegal y –a veces- mafiosa.

No fue este el caso.

Por el contrario, pese a las presiones -en algunos casos directas amenazas- el gremio se mantuvo firme y no hubo fútbol el fin de semana. En buena hora, porque fue la única forma de que los clubes se pusieran -al menos parcialmente- al día con los jugadores, dejando de lado otros negocios, a la espera del dinero salvador que “por algún lado llegará”, como ha sido la mentalidad del dirigente de fútbol de los últimos 30 años.