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Salvemos al futbol!
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El campeonato 89/90 ha visto nacer otro campeón: Roberto Baggio. Su pase de la Fiorentina a la Juventus, que para conseguírselo ha pagado veinticinco mil millones de liras, ha sido el acontecimiento que en la primavera de 1990 ha suscitado los comentarios de las crónicas y de la gente, sea por la enormidad de la cifra gastada, sea por la reacción desencadenada de los hinchas florentinos que no aceptaban perder su héroe. La mesurada y refinada Florencia, capital del arte, ha explotado en una protesta cuya violencia ha desconcertado la nación toda. A la noticia del pase de Baggio al equipo rival, los ultras florentinos se han de hecho arrojado a una inaudita disputa, paralizando la ciudad con cortes, bloqueos viales y lanzamiento de ladrillos y piedras, llegando a la amenaza de devastar el estadio recientemente restaurado para el mundial. Mientras tanto el jugador se mantenía al margen, dejando que los dos clubes trataran entre sí y dando entrevistas en las cuales expresaba todo su dolor acerca de la eventualidad de deber abandonar una camiseta tan amada. También la transferencia de Baggio ha requerido meses de tratativas y los hinchas florentinos, que muchas veces habían ironizado con las vicisitudes de Maradona, se encontraron deshojando la clásica margarita. Por fin los veinticinco mil millones ofrecidos por Agnelli han constituido el elemento decisivo frente al cual las protestas más violentas han debido aplacarse. El mismo Baggio, manifestándose lastimado por la reacción desconcertante de los hinchas florentinos, ha revalidado de todos modos el propio derecho de elegir la opción profesional y económicamente más ventajosa. El campeonato mundial de fútbol, realizado en Italia en junio de 1990, ha traído al escenario otro jugador que ha tenido una extraordinaria carrera, pasando de un equipo de serie B, el Messina, a la Juventus y arribando finalmente en la selección nacional: Totò Schillaci. No obstante lejos del nivel de genialidad de Maradona y Baggio, Schillachi es de todos modos un óptimo profesional, que debe en parte su fama al trabajo que el director técnico Azeglio Vicini le ha encomendado durante el campeonato mundial de 1990: en muchas ocasiones, de hecho, las fulgurantes acciones del futbolista siciliano han logrado salvar las suertes de la selección nacional italiana que -salvo aquellas- ha dado de sí pruebas poco halagüeñas. Esto ha bastado para que el país entero gritase al milagro, decretando el nacimiento de un nuevo campeón. La fama adquirida ha seguido a Schillaci en el campeonato 90/91, en el curso del cual la imagen del jugador ha sido sin embargo ofuscada por un no deportivo intercambio de injurias y amenazas, acontecido con un futbolista adversario, en el campo y después en los vestuarios. Parece más bien que el campeón habría increpado al colega con un: “ti faccio sparare”. Aún si Schillaci ha pronunciado esa amenaza, es claro que lo ha hecho en un momento de ira y sin reales intenciones intimidatorias. Más aún, alguien ha hecho notar maliciosamente el origen siciliano del futbolista. La campaña de prensa orquestada sobre el episodio, además, se ha arriesgado a transformar un héroe de positivo en negativo. Frecuentemente los periódicos tienen responsabilidad directa en las exasperaciones de los ánimos de los hinchas porque por obvios motivos de cantidad de ejemplares a vender, privilegian el “infortunio” respecto a la exposición de los hechos. El comportamiento violento de los ultras tiene entonces sus raíces, más que en el fanatismo de individuos que confunden la pasión deportiva con la guerrilla, en el hábito de dar excesivo relieve sobre los diarios, frecuentemente con títulos a toda página, a las declaraciones hechas en caliente al final del juego. Los periódicos deportivos italianos (Tuttosport, La Gazzeta dello Sport, Il Corriere dello Sport) no sólo imprimirán las tensiones sino que las amplificarán, creando una continua situación de oposición entre los hinchas. En noviembre de 1990, además, ha nacido el periódico mensual “Hooligans”, que toma el nombre de los violentos hinchas ingleses y publica documentados servicios sobre la clase de organización de los ultras británicos más turbulentos, además de ofrecer una amplia selección de los cantos más agresivos de la hinchada italiana. Dar espacio a este género de información significa también legitimar los comportamientos más violentos y los episodios vandálicos que siempre más a menudo suceden en los estadios. El aliento de la hinchada, que debería ser la expresión de la pasión y alegría de vivir, se ha transformado ahora en una absurda confrontación que se manifiesta también en la búsqueda de frases ofensivas y claramente racistas. “Hitler, Hitler, ebrei e napoletani”; “Napoli prima capitale dell’Africa”; “Forza Vesuvio”; […] vociferan los ultras de los equipos del norte. Pero también los del sur, en general menos exasperados y violentos, reciben con voces de simios a los jugadores negros que entran a la cancha. La impresión es que el juego del fútbol haya devenido un asunto demasiado serio en el momento en el cual se ha transformado en industria. Al giro de miles de millones no sólo se interesan los jugadores, sino que todos participan: dirigentes, técnicos, sponsors, periódicos y hasta el Estado a través del Totocalcio. También los árbitros, que por su servicio perciben las fichas de asistencia para el cobro de sus dietas, pueden además valerse del prestigio conquistado a través de las partidas.
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