Otra vez los incidentes fueron el principal foco de una nueva jornada de ascenso en el fútbol argentino. Tras el partido entre Cambaceres y San Telmo, hinchas del equipo local se cruzaron con la policía en las afueras del “12 de Octubre”.

Pudo haber sido un día de festejos para el pueblo Candombero, pero la tarde gris y lluviosa en Ensenada culminó con enfrentamientos entre la parcialidad del Rojo y la policía. El partido, que terminó en empate, quedó en segundo plano.

Apenas finalizó el encuentro, la barra del conjunto local intentó salir rápidamente con el objetivo de cruzarse con la comitiva de San Telmo (una cantidad desmedida, aproximadamente 150 personas).

A los pocos minutos, por lo que percibí desde la platea, se desató la barbarie. Los simpatizantes de Cambaceres forjaron la puerta de acceso, lograron salir y surgió un encontronazo con infantería. Se escucharon los impactos de las piedras contra los autos,  disparos de balas de goma y gases lacrimógenos que invadieron las calles.

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El cruce duró veinte minutos hasta que volvió todo a la normalidad. En medio de esto, quedé atrapado dentro del estadio junto a colegas que estaban en plena transmisión, hinchas genuinos,  y algunos dirigentes del Rojo de Ensenada. Está claro que el operativo policial falló en dejarentrar mayor presencia del elenco visitante de lo establecido.

Luego del encuentro, Sebastián Martinetti, vicepresidente 1ro de Cambaceres, manifestó: “San Telmo no quería salir a jugar el segundo tiempo porque supuestamente no había garantías para continuar. No quiero pensar que hubo mala fe por parte del operativo policial, seguramente alguien se equivocó en abrir tres puertas a la vez”.

El tiempo pasa y no parece haber una solución. Cada día la historia se repite y retrocedemos en todo sentido. No sólo el fútbol es culpable, la política está en el medio y también la sociedad en la que vivimos.

 

Por Leonel Giralda, periodista