El fútbol vernáculo está transitando una etapa muy particular.

Después de más de tres décadas de la corrupta –y tolerada por muchos- gestión Grondona, su muerte ha provocado un fenómeno de cisma, con pujas por el poder, que recién comienzan.

La violencia en las canchas, y fuera de ellas pero relacionadas con el fútbol, mientras tanto, no ha cesado. Pese a la ausencia de público visitante, las cosas no han mejorado.

El año electoral también se siente en materia futbolera. Todo mantiene su statu quo, y nadie se atreve a hacer modificaciones. Parecería que el nuevo Gobierno, sea cual fuere, de acuerdo a lo que se proclama, modificará de raíz cantidad de cosas, y por ello se prefiere hacer la plancha en vez de actuar conforme corresponde. Si nos guiamos por experiencias anteriores similares, es probable que nada o muy poco se refleje en hechos concretos.

Como una muestra más de nuestra degradación en materia de Justicia, somos el único país en el cual los imputados por la Fiscalía de EEUU con pedido de extradición por el escándalo FIFAgate se encuentran en total libertad. Nos referimos, se sabe, a los Jinkis, padre e hijo. En los demás países, se encuentran detenidos, en la modalidad domiciliaria, pero privados de libertad. Acá no.

Para rematarla, se ha esbozado la posibilidad de que vuelva el público visitante a las canchas. Precisamente ahora.

Frente a tanto aquelarre sin solución a la vista, y ante el inminente domingo de los clásicos futboleros en el Campeonato de Primera División, desde Salvemos al Fútbol  exhortamos a que cada simpatizante entienda que la concurrencia a un estadio se trata de la posibilidad de disfrutar de un espectáculo deportivo, con pasión y temperamento, pero siempre en paz.

Esa palabra: disfrutar, debe tenerse como referencia constante, conciente o inconscientemente. No se disfruta cuando se agrede verbalmente; no se disfruta cuando se arrojan objetos; no se disfruta cuando se insulta; no se disfruta en definitiva, cuando en un partido se va la vida.

No es lo mismo perder o ganar para un hincha de fútbol. Desconocerlo o negarlo es no tener idea de lo que significa la relación emocional con un club o camiseta. Pero perder no puede ser sinónimo de fin, de barbarie, o de tener derecho a que esa circunstancia -cambiante por cierto- nos permita desquitarnos con nuestros semejantes o con la rotura brutal de bienes a discreción.

Eso sí, más allá de esta exhortación, volvemos a llamar la atención de las autoridades nacionales y provinciales, para que tomen al toro por las astas, y comience un proceso de sinceramiento de las variables que rodean al fútbol, de seguridad, económicas, y deportivas, en procura de un mejor ámbito para todos. Esto se extiende, lógicamente, a todos los funcionarios involucrados con mayor o menor jerarquía, al Poder Judicial, y a la Asociación del Fútbol Argentino y sus directivos, actuales y potenciales, quienes deben exhibir un mayor grado de madurez en este momento, que bien puede entenderse como fundacional, ya que se trata de la elección de un presidente de la AFA distinto del que detentó el poder durante más de treinta años, sin sombras a su alrededor.

La iniciativa de la vuelta del público visitante, más allá del opinable momento en que se plantea, intentamos ubicarla –aunque cuesta-  en una perspectiva positiva, toda vez que se habla de un partido por fecha, en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires, y como prueba. Siendo así, se admite el problema, lo que no es poco para empezar. Y se estima que, de este modo, será plausible trabajar para el mejoramiento de la infraestructura de los estadios, la eficiencia de los operativos policiales, el combate contra la corrupción policial y política, y sus vínculos con violentos y dirigentes de los clubes de fútbol, el mejor destino de los fondos públicos (no ha de olvidarse lo que significa Fútbol para Todos), y el sostenimiento de una cultura que propicie la toma de conciencia para lograr eventos pacíficos y sin violencia.