Una vez más el bochorno sacude a nuestro fútbol. Y surge la comparación inevitable con el comportamiento de jugadores, árbitros, simpatizantes, y directivos del rugby.En el partido de fútbol Rosario Central-Boca realizado en el día de ayer, sucedieron tres jugadas que marcaron el encuentro y lo definieron.

Nos referimos a una jugada de gol de Central que fue invalidada, al penal que se cobró en favor de Boca, y el segundo gol de éste último equipo. Se alude a que las tres jugadas fueron cobradas inversamente a lo sucedido en la realidad visualizada, por el árbitro del partido, el Sr. Diego Ceballos.

Ceballos cobró un penal invalido. Foto: La Nación/ Diego Lima.

El asunto, aunque no lo parezca, es sencillo. Para entender, y para actuar en consecuencia. Y si alguno tuvo ocasión de mirar el Mundial de Rugby y cómo se manejan algunas situaciones, lo entenderá rápidamente.

Veamos lo que sucede en el rugby:

  1. Los árbitros se sortean o se eligen sin tener en cuenta las presiones de los clubes. Definitivamente. En el fútbol sucede lo contrario.
  2. No son tolerables los exabruptos de los técnicos. La actitud del técnico Eduardo ¨Chacho¨ Coudet fue decididamente triste y de lamentar. Debería ser sancionado.
  3. No son tolerables los desbordes de los jugadores por sobre el árbitro y sus asistentes. Del mismo modo que lo anterior, los jugadores deben ser sancionados.
  4. Los árbitros no pueden aceptar este tipo de comportamientos. En el juego y fuera del partido. Deben informar por escrito y públicamente cuál fue su visión de los temas en cuestión, y la Asociación del Fútbol Argentino emitir un comunicado inmediato respaldando a ese árbitro, en este caso Ceballos, en la medida que no exista sospecha de que actuó coaccionado o decidió en favor de algún equipo porque recibió algún regalo o dádiva. Este es uno de los puntos medulares.
  5. Los errores son parte del juego. Debe entenderse finalmente el concepto. Remito una vez más a lo que se decide en el rugby, tan deporte como el fútbol.
  6. Se lamentan también los comentarios de periodistas, con críticas miserables al árbitro circunstancial, sólo porque pudo haber cometido algún error. La cantidad de errores no cambia la ecuación. Puede ser un error o muchos errores. Es una actividad humana el arbitraje, sujeta a equivocaciones permanentes. Mucho más cuando quienes corrigen tienen varias imágenes televisadas para hacer el cotejo y conclusión consecuente. Se repite para que no queden dudas: en la medida que ninguna persona ha denunciado al árbitro Ceballos por haber recibido dádivas o encontrarse coaccionado para actuar, no es posible aceptar los mantos de duda y sospecha que se alzan frente a este tipo de situaciones concretas.
  7. A cualquier evento, todos quienes están vinculados al fútbol debemos aprender de lo resuelto después del partido  de rugby Australia-Escocia, del último mundial, ocasión en la cual se cobró erróneamente un penal en favor del primero, que le posibilitó la victoria. A los dos días, la autoridad de aplicación emitió un comunicado por el cual se explicó la situación y se ratificó -como no puede ser de otra forma- al árbitro interviniente (que había cometido el yerro, más o menos grosero), brindándose todo el apoyo y de ninguna forma bajándolo o parándolo, como suele hacerse en el fútbol.

Foto: FotoBAIRES

Los resultados están a la vista. Nuestro fútbol está en grave crisis. Es un tema cultural. No es un problema únicamente de la AFA. Es un problema de todos. Por supuesto que cada cual en su justa responsabilidad.

Es hora de iniciar el cambio.

                                                                                                                Mariano Bergés
                                                                                                                               Presidente de SAF